Proteger la vida PDF Imprimir E-mail
Desde Garagos (Egipto):
Hna. María Villar Sesma Gómez, misionera comboniana

Nuestra realidad en los pueblos del Alto Egipto es muy precaria y la mayoría de las enfermedades que tratamos son provocadas por la falta de higiene y de una sana alimentación. Los numerosos casos de quemados por accidentes domésticos, sobre todo de niños, son algo con lo que nos enfrentamos un día sí y otro también.
Frente a esta realidad, desde hace cinco años las misioneras combonianas llevamos adelante un proyecto de formación de «Medicina y Prevención» para jóvenes del Alto Egipto, con la ayuda de la asociación «Curar con Amor». Con la formación que les brindamos pretendemos que ayuden a cambiar la sociedad. Es una gota de agua en el océano, pero en el tiempo que llevamos realizando estos cursos se han formado 45 chicas de distintas partes de Egipto.
Todos los años las reunimos durante un mes en Garagos para que reciban una buena formación humana y sanitaria y hagan prácticas en el dispensario. Cuando terminan el curso reciben un diploma de la Asociación «Curar con Amor», reconocido por el gobierno. Este documento las capacita para ser promotoras de salud y les permite trabajar en centros sanitarios o asistir a enfermos en sus domicilios. Después, durante el año escolar les ofrecemos cursos de formación continua sobre diferentes temas que les permiten aumentar sus conocimientos.
El año pasado fue un poco especial. Quisimos premiar a las jóvenes que habían participado en diferentes cursos en años anteriores, ofreciéndoles la posibilidad de asistir a un cursillo donde revisaran todo lo aprendido, afrontaran temas nuevos y, sobre todo, aprendieran una metodología para poder transmitir estos conocimientos a los demás.
El curso se realizó en Alejandría, en una residencia de encuentros llamada  «Casa de la Paz», un lugar muy bonito al lado de la playa, que ayudó a las jóvenes a valorarse más a sí mismas y a sacar a la luz su gran creatividad. Las profesoras impartían sus lecciones, escuchaban y corregían ya que eran las chicas las que tenían que poner en práctica lo aprendido y enseñar a otros. A través de carteles y cantos compuestos por ellas mismas, nos hicieron gustar la vida. No faltó la representación teatral, en la que escenificaron de forma gráfica y asequible para todos cómo prevenir las enfermedades y así evitar las causas que las producen.
Doy gracias a Dios por la oportunidad que me dio de acompañar a estas jóvenes para que sean promotoras de vida. Ahora hemos retomado con ilusión nuestro trabajo diario, con la esperanza de ayudar a mejorar las condiciones de estos pueblos. El programa de este año es intenso, me refiero al campo de la salud: atender a los enfermos que vienen cada día desde diferentes poblados y una vez a la semana continuar con el curso de formación materno-infantil (tenemos unas 20 mujeres con sus bebés). Como novedad hemos preparado a algunas jóvenes, que visitarán un par de veces al mes a las familias para enseñarles cómo prevenir los accidentes domésticos, sobre todo las quemaduras.