Camas para nuestro hospital PDF Imprimir E-mail
Desde Mapuordit (Sur Sudán):
Hno. Andrés Gaspar, misionero comboniano

No esperaba que me enviaran a Sur Sudán, no por miedo sino porque yo había pedido ir allá y, normalmente, los superiores no nos mandan adonde queremos ir sino adonde hace falta. Yo quedé sorprendido, pero mi familia se preocupó porque en aquel tiempo había guerra en esa zona; felizmente entendió que como misioneros debemos ir adonde más nos necesitan.

Actualmente trabajo en la diócesis de Rumbek, en un lugar llamado Mapuordit, entre la etnia dinka. En mi comunidad somos seis combonianos, cuatro hermanos y dos sacerdotes, que trabajamos junto con otras congregaciones para apoyarnos en las labores de evangelización, educación y salud. Nuestra parroquia está dedicada a santa Josefina Bakhita, primera santa sudanesa, cuenta con 14 capillas en donde están distribuidos 30 catequistas y 10 voluntarios. Tenemos a nuestro cargo 18 aulas de primaria y una de secundaria.

Cuestiones políticas y ministerio de la salud

En cuestión política digamos que nos encontramos bien, en abril fueron las primeras elecciones democráticas para presidente después de 24 años y el próximo año se realizará un referéndum, el cual decidirá si el país se divide en sur y norte o se une en uno solo. Claro que el sur quiere independizarse del norte, por lo que creemos que esto causará algunos problemas para nuestra labor misionera.
El hospital donde trabajo como enfermero está dedicado a María Inmaculada; aquí laboramos tres hermanos: un doctor y dos enfermeros. Aunque sólo contamos con 100 camas, divididas entre las salas de cirugía, maternidad, pediatría, medicina interna y el leprosario, recibimos entre 130 a 150 pacientes diariamente. También contamos con una sala de operaciones, que ocupamos sólo los miércoles y sábados para realizar 10 u 11 cirugías por día, además de las de emergencia.
Las enfermedades por las que llegan al nosocomio dependen mucho del clima; por ejemplo, en época de lluvias recibimos más casos de malaria, mientras que en tiempo de secas llegan más pacientes con malnutrición; desgraciadamente, los más afectados son los niños. Las personas vienen al hospital desde muy lejos, a veces incluso caminando a pesar de su enfermedad. La atención se incrementa día con día pues la gente confía y busca nuestros servicios médicos.
Por el momento no contamos con el presupuesto suficiente para construir más salas que nos permitan admitir a más pacientes, muchas veces los recintos para atenderlos se encuentran a su máxima capacidad y tenemos que «dar de alta» urgentemente a algunos de ellos, que lamentablemente deben continuar su tratamiento fuera del hospital. Por ahora sólo nos queda afrontar estos problemas con responsabilidad profesional, pero sobre todo con fe y amor en Dios, en quien todos alcanzamos la salud.