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OIKOUMENE Del 2 al 6 de junio del presente año tuvo lugar en Edimburgo, Escocia, la Conferencia Internacional sobre Misión organizada por el Consejo Mundial de las Iglesias (CMI) en conmemoración de los 100 años de la Conferencia Misionera Mundial, que se realizó en esa misma ciudad en 1910. Misión sin Fronteras informó oportunamente de la importancia de la primera Conferencia*, considerada generalmente como el punto de partida simbólico del movimiento ecuménico moderno.
La Conferencia Misionera Mundial de 1910 reunió a unos 1.200 representantes relacionados sobre todo con el movimiento misionero occidental. Además de su insistencia en la evangelización, la histórica reunión destacó la importancia de la cooperación y la unidad. «Cien años después debemos recoger el reto de emprender juntos un nuevo comienzo de nuestra misión en común en el siglo XXI», dijo a los participantes el doctor Olav Fykse Tveit, secretario general del Consejo Mundial de las Iglesias, en su alocución del 3 de junio. Tveit fue uno de los dos oradores que expresaron en la ceremonia de inauguración, ante unos 300 delegados de más de 60 países y de prácticamente todas las tradiciones cristianas, las esperanzas y expectativas de la Conferencia. El otro orador fue el doctor Geoff Tunnicliffe, director internacional de la Alianza Evangélica Mundial, quien dijo que esperaba que la Conferencia de Edimburgo 2010 ayudara a los participantes a «renovar su compromiso de dar testimonio de Cristo en cada rincón de la tierra, con el amor del Padre y en el poder del Espíritu Santo». El secretario general del CMI destacó la necesidad que la misión cristiana contemporánea permita reconciliar la evangelización y el testimonio profético. Afirmó que «es importante mantener una saludable tensión dialéctica y creativa entre las diversas dimensiones de nuestra vocación». Y añadió que «dar testimonio de Cristo es al mismo tiempo evangelizar y adoptar una actitud profética en la perspectiva del cumplimiento de su designio de justicia, paz y cuidado de la creación». Tunnicliffe, por su parte, dijo que aunque no fuera realista pensar que era posible resolver diferencias históricas en pocos días, esperaba «que durante la Conferencia los participantes fueran capaces de escucharse unos a otros con respeto y amor, de tender puentes en lugar de crear simas, de orar juntos, de aprender juntos, de entablar nuevas amistades». Y Tveit manifestó: «Venimos a celebrar los progresos del cristianismo a nivel mundial durante los pasados 100 años». Y entre las «difíciles enseñanzas» aprendidas durante ese período mencionó «los vínculos entre misión y colonialismo», «las vergonzosas luchas por el poder» y el hecho que «la misión es un tema controvertido en nuestras relaciones con creyentes de otras religiones».
Cristianos de muy diversas tradiciones reunidos en el mismo lugar La Conferencia de Edimburgo 2010, cuyo tema fue «Dar testimonio de Cristo hoy», se reunió en la School of Divinity (Facultad de Teología) de la Universidad de Edimburgo. En paralelo a la centenaria Asamblea fueron organizados un gran número de talleres, eventos y servicios por Iglesias y organizaciones locales en todo el mundo. El amplio espectro de Iglesias, denominaciones y tradiciones misioneras reunidas en torno a este proyecto, hizo que fuera uno de los más representativos de la diversidad del cristianismo mundial hoy día. Los delegados, alrededor de 300 entre los cuales había ortodoxos, anglicanos, luteranos, reformados, metodistas, bautistas, adventistas del séptimo día, católicos romanos, evangélicos libres, pentecostales y miembros de tradiciones independientes, provenían de unos 60 países.
La clausura Los trabajos culminaron la tarde del domingo 6 de junio, cuando más de un millar de fieles se reunieron en el recinto en el que se celebró la Conferencia Misionera Mundial de 1910 –en lo que los organizadores definieron como una «celebración significativa»– para clausurar la Conferencia de Edimburgo 2010 y analizar el potencial del testimonio común de Jesucristo en el siglo XXI, a la luz de la situación actual de la cristiandad en el mundo. La diversidad fue claramente visible en las vestimentas eclesiásticas, las indumentarias nacionales y la ropa casual usadas por los participantes en la celebración. Se elevaron oraciones en varios idiomas y se entonaron himnos de África, Asia, América y Oceanía, así como de diversas culturas europeas. Las danzas de bailarines indios de los colegios de Selly Oak de Birmingham, Gran Bretaña, y los cantos de un coro africano fueron algunas de las expresiones que animaron el histórico acto. La exhortación a poner en práctica el amor en forma de hospitalidad hacia los demás y la humildad en la proyección cristiana al exterior fueron los hilos conductores de la celebración de clausura y del «Llamamiento Común». En este último los delegados expresaron su «plena conciencia de que Dios resiste a los soberbios, Cristo da la bienvenida y fortalece a los pobres y afligidos, y el poder del Espíritu Santo se manifiesta en nuestra vulnerabilidad». En su discurso de clausura John Sentamu, arzobispo anglicano de York, Gran Bretaña, recordó que Jesús dijo a sus seguidores: «Ustedes son mis testigos», e hizo un llamamiento a propósito de la «importancia crucial del testimonio cristiano». En alusión al relato del Evangelio de la negación de Cristo por parte de Pedro, afirmó: «Jesús está siendo hoy juzgado en el tribunal del mundo por nuestras palabras y acciones. Jesús y su Evangelio están siendo juzgados». Más adelante expresó que «la actividad humana sólo genera actividad humana», mientras que «la Palabra profética y el Espíritu nos hacen vivir». Y al referirse a la profecía de Ezequiel sobre el valle de huesos secos, afirmó que «como líderes en la misión debemos ayudar a nuestras Iglesias actuando proféticamente, hablando abiertamente en favor de la libertad y contra la injusticia. Nuestros antecesores lo han hecho en el pasado contra la esclavitud y, más recientemente, contra el apartheid, la deuda internacional y la pobreza. Tenemos que seguir hablando en contra de la injusticia que afecta a quienes piden asilo y a todos los que pasan necesidad». Y continuó: «Al hacer esto debemos recordar que hablar proféticamente no es lo mismo que condenar los fallos de otros sino más bien ayudarnos todos a aceptar los objetivos comunes que elevan el corazón. Ayudar a elevar el corazón de una nación es un reto apasionante y una tarea que podemos hacer juntos porque es lo que Dios nos ha llamado a hacer como parte de nuestra misión y discipulado». Otras intervenciones destacaron la necesidad de reciprocidad en la misión al insistir que los occidentales tienen mucho que aprender de los cristianos del Este y los del Norte tienen que descubrir la manera de mostrar una mayor humildad y disposición a aprender del Sur global. Finalmente el líder de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos en Sri Lanka, Vinoth Ramachandra, comentó que «este fue probablemente el encuentro más amplio sobre la misión desde 1910». Y al igual que otros oradores reconoció avances prometedores en Edimburgo 2010. Sin embargo también expresó su preocupación por el alto porcentaje de profesionales religiosos y académicos, en comparación con el gran número de obreros laicos presentes un siglo atrás. Llamó a esta realidad un «punto ciego» en los encuentros eclesiales contemporáneos, por la incapacidad de darse cuenta que «el trabajo principal de misión tiene lugar en la vida cotidiana de cristianos y cristianas comunes». Un próximo evento de esa envergadura mundial, dijo Ramachandra, se beneficiará si intenta incluir a más miembros laicos, mujeres, jóvenes y representantes del Sur. Las fronteras existentes necesitan ser «deconstruidas, aunque no destruidas». En particular «la frontera artificial entre clero y laicos tiene que ser superada». «Lo esencial en estos tiempos –concluyó– es que las fronteras de todo tipo deben ser derribadas».
* Misión sin Fronteras, enero-febrero, 292, p. 26 y marzo-abril, 293, pp. 22-24.
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