Mi esposo, despedido del trabajo PDF Imprimir E-mail

Clemente Sobrado, C. P.

Una situación demasiado frecuente hoy. Esposos que durante años han trabajado, aportado su sueldo cada mes y, por lo tanto, se han sentido alguien en la sociedad y en la familia. Y de golpe, un día, en la plenitud de su vida, alguien les dice que a partir de fin de mes ya no tienen contrato y deben abandonar el trabajo.
Esta es una realidad laboral y socioeconómica. Pero también psicológica, conyugal y familiar.
–Psicológica: porque hasta ahora el esposo sentía que era «alguien» y, de repente, se siente en la calle, como un cualquiera, con todos sus sentimientos de dignidad y valía por los suelos. Ya no es nadie, su orgullo y su vanidad han sido maltratados y pisoteados, y sin derecho a reclamar.
Dentro de él se da un trauma que lo destruye anímicamente. Pierde el humor y la alegría, se siente venido a menos y derrotado. Ya no es el hombre que cada mes podía aportar su salario para mantener a su familia. Y comienza a sentirse un inútil. Hay todo un cambio en su humor, en su autoestima, en su imagen de cara de los demás. Por una parte siente que aún está en la plenitud de la vida y puede hacer muchas cosas. Y por otra, que la sociedad lo margina y lo pasa al almacén de los inútiles, con los que ya no se cuenta. Todo esto hace que entre en un estado depresivo o en una situación de agresividad.
–Conyugal: Pero todo esto tiene una repercusión también en su relación con la esposa. El estado anímico de ésta no es precisamente el mejor para que la relación conyugal pueda mantenerse sana. También ella queda profundamente herida.
Cuando el esposo no está bien consigo mismo, difícilmente podrá estar bien con ella. Cuando su dignidad es herida de alguna manera, se hiere también la relación de los esposos. Además, muy pronto comienzan a sentirse los efectos y las consecuencias económicas en casa. Y entonces pueden darse distintas reacciones por parte de la esposa.

Actitud de las esposas
–Esposas que sólo se lamentan por los problemas económicos porque él ya no trabaja.
–Esposas que se van encima del esposo para que busque trabajo, y se irritan cuando lo ven mustio y angustiado en casa.
–Esposas que lo rematan haciendo comparaciones con el marido de su amiga, que lucha y ha conseguido un nuevo trabajo.
Si bien el día de la boda se dijeron en la fórmula del compromiso «en la riqueza y en la pobreza», nadie los ha preparado para esos momentos, para afrontar esa situación difícil del «despido laboral», para saber apoyarse mutuamente precisamente en esas circunstancias nada fáciles. Por eso mismo, con esas insinuaciones lo único que se logra es ahondar más el desánimo y el desaliento del pobre esposo y, por lo tanto, profundizar más las dificultades de la convivencia.
Y peor si la esposa sigue trabajando y ahora la familia depende de su salario, porque entonces el silencioso machismo que solemos llevar dentro se hunde todavía más. Lo que debiera ser una fuente de alegría y aceptación: «Felizmente tú tienes trabajo», se convierte en una losa todavía más pesada.

Falta de preparación
En los cursos prematrimoniales preparamos, o creemos preparar, a los jóvenes para ser felices como pareja; pero tengo la impresión de que esa es una preparación un tanto ilusoria, que no tiene en cuenta la realidad de la vida. Ni el esposo está anímica y mentalmente capacitado para dar cara a esa situación dolorosa, ni la esposa está preparada para ayudar a su esposo a superar ese momento y levantar su ánimo. Y el matrimonio entra en crisis porque entra en crisis la relación personal.
–Familiar: al agrietarse la relación conyugal, inmediatamente se resquebraja también la unidad, la estabilidad y la armonía familiar. Los hijos ven que ya no disponen del dinero ni de las comodidades de antes. Y también ellos empiezan a sentir el desajuste con los padres.

Conclusión
Lo que parecía tan simple como un despido laboral, se convierte con frecuencia en toda una tragedia en el hogar. Entendemos que las leyes laborales tengan en cuenta las condiciones de las empresas, ¿pero tienen en cuenta el problema de la dignidad y la salud psíquica de la persona?, ¿tienen en cuenta las consecuencias en la familia? La Pastoral Familiar debiera prestar más atención a estas situaciones, que hoy han dejado de ser casos esporádicos y son bastante normales, sobre todo ciertos despidos que se dan a una edad en la que todo el mundo le cierra las puertas al nuevo desocupado.