Entrevistó: P. Miguel A. Villegas El Concilio Vaticano II formuló abiertamente el auspicio de que fuera creado «un organismo universal de la Iglesia que tenga como función estimular a la comunidad católica para promover el desarrollo de los países pobres y la justicia social internacional» (Gaudium et Spes, 90).Y para responder adecuadamente a este deseo Pablo VI instituyó, con un Motu Proprio publicado el 6 de enero de 1967 (Catholicam Christi Ecclesiam), la Pontificia Comisión «Justitia et Pax».
Recientemente el padre Juan Goicochea, misionero comboniano, presentó un proyecto sobre Justicia y Paz e Integridad de la Creación con el propósito de involucrar a los misioneros de la Provincia de Perú-Chile en este tema. Presentamos un resumen de la entrevista. –¿Qué visión tienes del proyecto?–Para empezar, el proyecto de Justicia y Paz e Integridad de la Creación (JPIC) no es una idea mía sino la propuesta de la Iglesia para hacernos conscientes de que todo lo que está pasando en el mundo tiene que ver con nuestra fe. Actualmente en el Perú existen situaciones relacionadas con las mineras, la población afro, los indígenas en la selva, los niños que están en la calle, la realidad deshumanizante que se vive en las cárceles, etc. Todo esto no puede ser indiferente para quien cree que en la persona está Dios y que tiene la dignidad de los hijos de Dios. No sólo eso sino que la idea de Justicia y Paz incluye también el cuidado de la creación, o sea la tierra, los animales, las plantas… Lo que pasa en los bosques de Brasil tiene que ver también con mi fe porque tiene que ver con las personas que viven allí y con el efecto que puede repercutir en todo el planeta. Todo esto desde la perspectiva de que Dios ha creado este mundo y nos ha dicho que somos responsables de él. Dios no me va a preguntar si recé sino si me comprometí a cuidar su creación, a hacer la vida posible para esta generación y para las que vengan. –¿Cómo te gustaría desarrollar este trabajo? –Debe darse un proceso. No se puede realizar sencillamente porque la Iglesia ha dicho o porque oficialmente los combonianos han expresado que debe haber una comisión de JPIC en cada comunidad. Espero que todos seamos portadores, comunicadores de este mensaje. Por ejemplo, en la parroquia hace poco se me dio la oportunidad de hablar del tema de la creación, del medio ambiente, desde nuestra fe. Eso despertó interés y ya comienzan varias personas a decir y a decirme que no hay que botar la basura al suelo, que no hay que comprar muchas cosas de plástico, que cuando uno se lava no debe desperdiciar el agua. La gente dice: «Qué bueno que en la Iglesia se empiece a hablar de esos temas tan importantes en la vida diaria». –¿Cuáles serían los pasos concretos en el Perú para llegar a la comprensión y práctica de la JPIC?–Creo que por medio de talleres que nos ayuden a entender mejor los documentos del último Capítulo general comboniano sobre este tema y a descubrir lo que yo puedo hacer en la comunidad donde trabajo. En la Provincia no hay mucho interés, pero eso nos hace ver que todavía queda un camino por hacer. A los talleres se podrán invitar a los laicos con el objetivo de llegar a formar pequeños grupos parroquiales de justicia y paz. –En las parroquias existen iniciativas de carácter social, ¿cuál sería la relación con tu proyecto?–No se trata de crear algo paralelo sino de que por medio de estas iniciativas aspiramos a descubrir las causas de los conflictos. Si vamos a dar de comer al pobre, nunca vamos a terminar; debemos preocuparnos por solucionar el problema. Y en esto debemos involucrar a la comunidad; por ejemplo si no hay agua, ¿a quién vamos a acudir, a las autoridades, a la Iglesia, o vamos a ver qué podemos hacer en conjunto? Los talleres tienen una parte teórica que debe servir para una identificación de situaciones y, sobre todo, para descubrir por qué se dan esos conflictos. Y no sólo el aspecto local sino lo que está pasando en China me debe interesar ya que quienes viven allá son también mis hermanos, son hijos de Dios. Debe haber un sentido de solidaridad, de pensar en el otro, de rezar por el otro, de sentirme unido a ellos aunque no salga de mi parroquia. Si estoy en la sierra, saber lo que está pasando en la selva porque sí es mi problema. No puedo quedar indiferente sino que la dificultad termina siendo mía porque soy uno de ellos, y si soy cristiano pues mucho más. –Los combonianos están presentes en El Carmen, Chincha, acompañando a la comunidad afroperuana. Recientemente han iniciado una presencia en la selva. ¿Cómo ves su compromiso en estos campos?
–Esta idea ha surgido de Ferdinand, un hermano africano que trabaja en Chincha y que siente que los afroperuanos son un grupo en nuestra sociedad que vive desde siempre una cierta exclusión, una cierta marginación. Yo conozco muy poco de este tema, pero en todo caso es una idea muy incipiente, inspirada también en nuestro carisma, el cual nos invita a ir a las personas excluidas, a las que están pasando por momentos duros, a los grupos humanos que necesitan nuestra solidaridad. Además, ya tenemos una presencia en ese lugar. La Iglesia en este campo ha dedicado muchos espacios de reflexión y en otros países se está trabajando bastante con estas poblaciones. (Ver el artículo del padre Ferdinand sobre el Encuentro de Pastoral Afro en Guayaquil, página 15 de este número de MsF). –Mencionaste entre los puntos del proyecto la celebración de fechas importantes y significativas relacionadas con la JPIC. ¿De qué fechas estarías hablando?–Me refiero al Día de la Tierra, que se celebra el 22 de abril. Es una celebración ideal también porque a partir de nuestras raíces indígenas existe un gran respeto por la Madre Tierra. Pero hay otras fechas como el Día del Agua y esto nos lleva a pensar que en nuestro país hay personas que no tienen acceso a ella. También está el Día del Campesino; piensa que sin ellos la ciudad no vive y ni nosotros podríamos decir la misa por falta de hostias y de vino… Y hay otras fechas parecidas. Tendremos que ponernos de acuerdo en la Comisión para hacer estas propuestas. –En este momento, en el Perú existen muchos conflictos sociales por la tierra, el agua y las min eras. ¿Cómo ves la situación desde el trabajo que harás en la Comisión de Justicia y Paz?–Yo no estoy en contra del desarrollo en términos generales, pero sí en contra de las mineras en su totalidad. Pienso que hay otros caminos para obtener plata y al mismo tiempo conseguir desarrollo sin maltratar la naturaleza o el medio ambiente. Podemos promover lo nuestro, el turismo. N o entiendo por qué tenemos que contaminar y al cabo de 30 o 40 años ocasionar que no quede nada. Y el poco o mucho dinero va a pocas manos. La pregunta que puede hacerse es si todo esto nos trae mayores beneficios a largo plazo o peores consecuencias a corto plazo. –Por último, ¿te estás relacionando con otros grupos que también promueven la JPIC?–Estoy en contacto, por ejemplo, con el Bartolomé de las Casas y también en la búsqueda de otras agrupaciones. Tengo poco tiempo por acá, pero estoy muy atento, trato de encontrar un espacio para conocer la situación del Perú y ver con quién puedo contar en estos temas, con quién puedo trabajar, con quién puedo unirme. Desde que estaba en Alemania he tratado de interesarme por la problemática de los países en vías de desarrollo. Y con frecuencia me invitaban a hablar de estos temas. Sin embargo, no quiero llenarme de información, más bien quiero empezar un trabajo personal de base. Yo creo mucho en la base. Si ahí no crece nada, no pasa nada.
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