En octubre de 2009 se publicó el libro Harvesting the Fruits: Basic Aspects of Christian Faith in Ecumenical Dialogue (Cosechando los frutos: Elementos Básicos de la Fe Cristiana en el Diálogo Ecuménico), con los resultados de 40 años de diálogos bilaterales entre la Iglesia católica y la Federación Luterana Mundial, la Alianza Mundial de las Iglesias Reformadas, la Comunión Anglicana y el Consejo Metodista Mundial, y las reflexiones sobre cuál podrá ser el contenido y la dirección de la discusión ecuménica en el futuro. Sobre los temas presentados en el libro, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos organizó un Simposio en Roma, del 8 al 10 de febrero de 2010, en el que participaron teólogos católicos, luteranos, reformados, anglicanos y metodistas. Pero además de constatar los muchos elementos de convergencia alcanzados en 40 años de diálogo oficial, también fue objetivo del congreso encontrar la manera de comunicar estos importantes resultados a los miembros de las diferentes comunidades cristianas, para que puedan expresar más plenamente en su vida de fe el progreso realizado hacia la unidad. Durante los tres días de reunión los participantes examinaron detalladamente el tema de la recepción de las declaraciones comunes, la necesidad de un testimonio cristiano común a todos los niveles y el nuevo contexto en el que la cristiandad debe realizar su misión. Con el pensamiento en el futuro, la asamblea analizó cuál tendrá que ser la configuración del diálogo ecuménico y reflexionó ampliamente sobre los pasos que tendrán que emprenderse para alcanzar el objetivo que sigue siendo la comunión plena y visible. Al respecto, el cardenal Kasper planteó la siguiente consideración: «¿Qué significa la comunión en el sentido teológico? No quiere decir comunidad en el sentido horizontal sino communio sanctorum (comunión de los santos), que podríamos definir como participación vertical en lo que es “santo”, en las “cosas santas”, es decir, el Espíritu de Cristo presente en su Palabra y en los sacramentos administrados por los ministros propiamente ordenados». Otro de los temas de discusión fue cómo es posible alcanzar una valoración diferente de las divergencias tradicionales desde el punto de vista de la misión y del Reino de Dios. En este contexto se presentó una nueva y prometedora actitud, según la cual el diálogo ecuménico es considerado como un intercambio de dones. Los participantes también hablaron honestamente de los límites de la diversidad y del papel de la jerarquía de las verdades. Y por último, presentaron propuestas concretas dirigidas a promover la búsqueda de la unidad, en particular la redacción de una «Declaración Común sobre lo que hemos alcanzado juntos ecuménicamente», que podría tomar la forma de una afirmación común de la fe bautismal, un comentario al Credo apostólico y al Padrenuestro. En el Simposio estuvieron presentes expertos en diálogos bilaterales, así como teólogos más jóvenes, nuevos para el ecumenismo. La discusión teológica fue de alto nivel y las numerosas sugerencias positivas serán retomadas en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio, prevista para el mes de noviembre de 2010. Los participantes expresaron su gratitud por la oportunidad que se les ofreció de discutir de manera profunda sobre los desafíos reales que plantea la búsqueda de la unidad de los cristianos y declararon que la capacidad para organizar encuentros de este tipo es una característica propia de Roma, subrayando de este modo el amplio servicio que el ministerio petrino puede ofrecer al ecumenismo.
Iglesias en diálogo
Los luteranos derivan su nombre del monje alemán Martín Lutero (1483-1546), quien se rebeló contra la «venta» de indulgencias de parte de la Iglesia de su tiempo e inició un movimiento religioso que tradujo la Biblia al alemán. Su principal doctrina era la justificación por la sola fe. Las Iglesias reformadas tuvieron su origen en las doctrinas del suizo Juan Calvino (1509-1564), con principios muy semejantes a los de Martín Lutero, pero su mayor énfasis es que la Escritura no sólo es la única fuente sino también la única norma de la fe cristiana. La Iglesia anglicana (inglesa) tuvo su origen al separar el rey Enrique VIII (1491-1547) a Inglaterra del resto de la cristiandad debido a que el papa Clemente VII no le permitió la anulación de su legítimo matrimonio con Catalina de Aragón. Los anglicanos han conservado muchas de las características de la Iglesia católica. El Metodismo nació en Inglaterra en el siglo XVIII, dentro del anglicanismo, como un esfuerzo de parte de un grupo de jóvenes de la Universidad de Oxford, quienes se propusieron buscar la santidad cristiana en una época de marcada frialdad racionalista y de formalismo ritual en la vida de la Iglesia anglicana.
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