"Dios camina conmigo" PDF Imprimir E-mail
Queridos amigos y amigas, este mes queremos compartir con ustedes la experiencia de una joven misionera de Ecuador. Su nombre es Diana Rodríguez, es novicia comboniana y estuvo en tierras peruanas dos meses, en nuestra comunidad de Pamplona Alta (Lima). Espero que les guste.
Hola, soy Diana Rodríguez, una novicia comboniana ecuatoriana que en el año 2006 tuvo la oportunidad de realizar tres meses de la etapa de su aspirantado en Lima. En ese tiempo visité Pamplona Alta, pero sólo la conocí por fuera. Esta vez fui destinada a vivir mi experiencia comunitaria en esta zona durante dos meses. Con mucha alegría por lo vivido y compartido, puedo decir que he conocido más de cerca la realidad de estas personas y el trabajo que las hermanas realizan en estos asentamientos humanos. El tiempo tal vez no ha sido muy largo, pero lo he vivido interiorizando todo lo que he visto, oído, hecho, compartido…
La situación que vive la gente de esta zona es bastante difícil. Sus pequeñas casas están construidas con tablas, triplay y cartón, muy pocas son de ladrillo. Carecen de agua potable y para satisfacer esta necesidad vital existe un aguatero que pasa vendiendo el agua a las personas que colocan sus bidones a un lado del camino. La corriente eléctrica es otro recurso al cual no todos tienen acceso debido a la situación económica. Cuando hay un medidor, éste abastece a varias casas, lo que ocasiona que la electricidad llegue con muy baja intensidad.
Pero a pesar de estas situaciones y otras más, tienen mucha esperanza de seguir adelante, como se puede ver por los nombres que les dan a los asentamientos: Villa Hermosa, Paraíso, Los Rosales, Cerro Verde, Nueva Esperanza…
Doy gracias al Señor por esta experiencia pues me ha ayudado a seguir valorando el regalo de mi vocación misionera en una comunidad donde vivimos mujeres de distintas nacionalidades y culturas, pero con un mismo ideal: la opción por los más pobres y necesitados.
Las hermanas son unas más en el pueblo; el trabajo, la entrega, la responsabilidad, el esfuerzo y el cariño con los que acompañan a las personas que viven en estos lugares, me dan ánimo para seguir adelante y decirme a mí misma que no me he equivocado en la decisión que he tomado, la cual no fue tan fácil porque tuve que dejar mi familia, mis estudios, mis amigos y tantas cosas más; pero el Señor me ha dicho y me sigue diciendo: «No temas, yo estoy contigo, te he llamado por tu nombre».
Con la seguridad de que Dios camina conmigo, regreso a mi país, a mi comunidad del noviciado para seguir con mi proceso de formación y compartir con mis hermanas esta bonita experiencia. San Daniel Comboni, nuestro fundador, decía: «La omnipotencia de la oración es mi fuerza». Yo creo en ello porque lo he experimentado y lo sigo experimentando, por eso pido también oraciones por las y los jóvenes en formación, para que podamos responder con generosidad al llamado de Dios y así como él es fiel a nosotros, también nosotros lo seamos a él.
«Todo lo puedo en Cristo, que me fortalece» (Fil 4,13).