| Diario de un misionero |
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Caminando con Jesús por la selva y releyendo a san Pablo, aprendí lo importante que es pararse a escuchar y descubrir al otro a través del contacto personal, del afecto y de la cercanía a sus necesidades y problemas. Recuperar en el gesto, la mirada y el abrazo al Dios inseparable, al compañero de camino, al Siervo sufriente, camino de testimonio y de diálogo, sin esperar nada.7 de marzo de 2009: Salgo a la calle y saludo a diestra y siniestra, a propios y extraños. A esta práctica la llamo «pastoral del saludo». Visito los hogares casa por casa, con mirada franca, sonrisa serena, corazón y alma reconocidos, hermanados. Pero abundan los creyentes incrédulos, tibios e indecisos, campo ganado por los hermanos separados. Pienso en Pablo, misionero entre los gentiles, judíos, romanos, griegos y paganos. 10 de marzo de 2009: Visito a los enfermos del hospital. Tan sólo ver el abandono de los ambientes asusta enfermarse. Los familiares me piden jeringas, suero, alguna medicina. Voy prevenido y precavido, y los socorro. Otros, los menos, me piden la confesión, medicina del alma. Los escucho, les oro, ¿qué más puedo hacer? Siervo inútil soy. No estoy en su lugar, pero sí a su lado. 13 de marzo de 2009: No hay día ni hora que no traigan un muertito a la iglesia, con su cajoncito de madera y su cortejo fúnebre. Al son de la campana hago el responso. ¿Por quién doblan las campanas? Por ti y por mí. Felizmente, la vida es más fuerte que la muerte. ¡Gracias, Cristo resucitado!, por dar sentido al sinsentido de la vida sin Ti. 18 de marzo de 2009: Todas las noches, en ausencia del sacerdote, realizo la paraliturgia. Al celebrar la Palabra y compartir la Comunión me realizo desde el acolitado y el lectorado, anhelando las órdenes mayores. ¿Quién soy yo para que él se fije en mí? 19 de marzo de 2009: Es medianoche, llaman a la puerta y me piden ir a ver a un moribundo. Reclaman los Óleos, la santa Unción para morir en la paz de Cristo. Ya no reniego ni doy explicaciones: acudo sin vacilación ni demora. Hay que escuchar, estar atentos, aprender a ayudar, acompañar a los moribundos y a sus familiares en el umbral, con amor, ternura y comprensión. 22 de marzo de 2009: Participo en un coloquio sobre brujería, ouija y suicidio, organizado por la Secretaría Vicarial de Justicia y Paz. Es interesante conocer hasta qué punto la creencia en la brujería condiciona y orienta la vida cotidiana en la selva. Tener instrumentos (había un psiquiatra, un jurista y un religioso como ponentes) para saber leer ciertos acontecimientos es, quizás, el primer paso para liberarse de esta calamidad. 25 de marzo de 2009: Desde Radio Ucamara (la emisora parroquial) la Iglesia es Voz de los sin voz, a ejemplo de Pablo, para anunciar la Buena Nueva a los pobres y denunciar con nuestra palabra tantas injusticias calladas: los campesinos postergados, los indígenas ignorados, las mujeres vulneradas, los derechos pisoteados, las dignidades heridas, los sufrimientos provocados, los rostros inocentes…28 de marzo de 2009: Hoy toca Capítulo local: revisión de vida, alegría fraterna, corresponsabilidad, unanimidad, anima una et cor unum in Deum (alma y corazón unidos en Dios). Recuerdo la conversión de san Agustín, «tarde te amé, Belleza tan antigua y siempre nueva», y pienso que nunca es tarde si la alegría de vivir juntos, en unidad y en caridad, siempre se renueva y recrea en el Resucitado. Desde Nauta (Iquitos) seguiremos compartiendo esperanzas, hilvanando hermosos sueños, albergando ilusiones, diseñando un destino común; sembrando en los corazones abiertos y en las conciencias disponibles semillas de amor, paz y justicia. |



Caminando con Jesús por la selva y releyendo a san Pablo, aprendí lo importante que es pararse a escuchar y descubrir al otro a través del contacto personal, del afecto y de la cercanía a sus necesidades y problemas. Recuperar en el gesto, la mirada y el abrazo al Dios inseparable, al compañero de camino, al Siervo sufriente, camino de testimonio y de diálogo, sin esperar nada.
dignidades heridas, los sufrimientos provocados, los rostros inocentes…