Celebración comunitaria del matrimonio PDF Imprimir E-mail
Muchas parejas que no habían estado antes en grado de regularizar su estado en la Iglesia, se dieron cita el sábado 19 de diciembre, en la parroquia El Sagrario de la catedral de Huancayo (Junín, Perú), para la celebración comunitaria del sacramento del matrimonio y dar vida a familias «discípulas misioneras» de Jesús. Previamente, los contrayentes dieron una contribución económica simbólica que servirá para el sostenimiento de familias pobres, en particular de aquellas que vienen de las zonas rurales.
La celebración fue presidida por el padre Belealdo Vílchez Zárate, quien invitó a participar a toda la comunidad, en cuanto el sacramento del matrimonio es la base para la institución de la familia como célula fundamental de la Iglesia y de la sociedad. El sacerdote subrayó que la Misión Continental requiere la formación de familias «discípulas y misioneras» como respuesta al encargo de proclamar la Buena Noticia de la Salvación de la humanidad.
Al respecto, el documento de Aparecida señala a la familia también como «misionera». Se trata de transformar a la Iglesia en una comunidad más misionera y para este objetivo se promueven la conversión pastoral y la renovación misionera de las Iglesias particulares, de las comunidades eclesiales y de los organismos pastorales (Cap. 7). Todo el capítulo 9 del documento presenta a la familia como núcleo importante de esta tarea eclesial. Bajo el título de «Familia, personas y vida», a partir del anuncio de la Buena Noticia de la dignidad infinita de cada ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios y recreado como su hijo, promueve una cultura de amor en el matrimonio y en la familia, y de respeto por la vida en la sociedad; al mismo tiempo que desea el acompañamiento pastoral a las personas en las diversas etapas de la vida, como niños, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, y promover el cuidado del ambiente como hogar común».
Que el Señor ilumine el hogar de estas nuevas familias y que la Virgen sea ejemplo de vida y guía del anuncio de la Buena Nueva. Y así formar mejores seres, con principios y valores para el bien de la Iglesia y de la sociedad en común.