| Haití: El país más pobre de América golpeado por la fuerza de la naturaleza |
|
|
|
El pasado 12 de enero Haití, uno de los países más pobres y atrasados del mundo, fue devastado por un terremoto de magnitud 7 en la escala de Richter. El Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) calificó la catástrofe, por su gravedad, de única en la historia del país. Según los registros históricos, Haití no había sufrido un terremoto de esas dimensiones en los últimos 200 años; había sido víctima sí, en 2008, del paso de huracanes que provocaron la muerte de 330 personas, numerosos desaparecidos y la destrucción de edificios y cultivos.Pérdidas humanas Tras la catástrofe, el país ha quedado desolado. Su capital está bajo escombros. Son unos 200 mil los fallecidos, entre ellos el arzobispo de Puerto Príncipe, Joseph Serge Miot, quien murió debido a que la fuerza del terremoto lo lanzó por el balcón de su habitación. También perdieron la vida cientos de sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas de diferentes congregaciones; los centros de formación administrados por católicos quedaron destruidos, en el colegio Don Bosco, de Puerto Príncipe, unos 500 niños y jóvenes junto con sus educadores fueron aplastados por los escombros. Muchos niños han quedado huérfanos, el caos azota a la ciudad, las necesidades inmediatas son de alimentos y medicinas. La mayoría de hospitales, estaciones de bomberos y policías y otros centros de asistencia fueron arrasados; decenas de edificios de la capital, entre ellos el palacio presidencial, la catedral y la sede de la Organización de las Naciones Unidas, se han derrumbado. A esta tragedia se añaden la violencia de bandas armadas que roban y matan, una emigración de la capital hacia otras ciudades y pueblos de la isla, y el peligro de la proliferación de epidemias. Este devastador sismo ha producido más de 250 mil heridos y ha dejado sin hogar a un millón de personas. Ante las terribles secuelas de esta fuerza de la naturaleza, que no ha distinguido raza ni condición social sino simplemente ha golpeado, el papa Benedicto XVI expresó su más grande proximidad espiritual y su oración ferviente por todas las personas tocadas por la catástrofe, e invocó a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que se haga Madre de la ternura y sepa dirigir los corazones para que la solidaridad se abra paso en medio del aislamiento.Ayuda humanitaria La ayuda humanitaria llega de todo el mundo, las diferentes Conferencias Episcopales de América Latina se han movilizado desde el primer momento de la tragedia. El presidente del episcopado de la República Dominicana, cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, ha informado que todas las iglesias católicas de esta nación harán cruzadas masivas de ayuda humanitaria para el pueblo haitiano. El único país limítrofe con Haití se ha convertido en el punto de referencia para la llegada de la ayuda internacional. Desde Brasil, la Conferencia Episcopal (CNBB) envió a su secretario, monseñor Dimas Lara Barbosa. El terremoto ha costado la vida a 11 soldados brasileños de las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas y a la doctora Zilda Arns, coordinadora internacional de la Pastoral de la Crianza y fundadora de la Pastoral de la Infancia de Brasil, que se encontraba en Haití realizando una misión en favor de los niños. Por su parte, el director nacional de las Obras Misionales Pontificias (OMP) de los Estados Unidos de América, monseñor John E. Kozar, pidió orar y ser solidarios con nuestros hermanos y hermanas que sufren en Haití; señaló que mientras la Iglesia en esta nación contabiliza los enormes daños y las grandes exigencias, será necesaria una ayuda financiera para reconstruir sus infraestructuras, las mismas que servirán a los pobres y les permitirán reconstruir sus vidas. Para ayudar a que esta Iglesia caribeña siga respondiendo a las necesidades del país, las OMP norteamericanas han lanzado la campaña «Fondo de solidaridad con Haití».La red Cáritas, en colaboración con otras organizaciones católicas de ayuda humanitaria, ha enviado a Puerto Príncipe 100 toneladas de comida que fueron distribuidas en una semana entre los 50 mil damnificados que residen en el campo de Petionville Club, uno de los mayores asentamientos de desplazados por el terremoto. Para garantizar que la ayuda llegara a todos, tuvo que extremar las medidas de seguridad en el reparto. Hasta el momento, esta institución católica ha recaudado 65 millones de dólares para continuar con la ayuda a las víctimas del sismo; las contribuciones llegaron de 165 países (de Asia, Norte y Sudamérica, África, Europa y el Pacífico) en donde está presente, incluso ha recibido una aportación de cinco mil dólares proveniente de la República Democrática del Congo. La ayuda humanitaria es y seguirá siendo de suma importancia en los próximos meses ya que llevará tiempo reconstruir la ciudad. Ojalá quienes viven esta tormenta pasen pronto a la serenidad que el Señor proporcionó a los discípulos en medio del lago. |



El pasado 12 de enero Haití, uno de los países más pobres y atrasados del mundo, fue devastado por un terremoto de magnitud 7 en la escala de Richter. El Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) calificó la catástrofe, por su gravedad, de única en la historia del país. Según los registros históricos, Haití no había sufrido un terremoto de esas dimensiones en los últimos 200 años; había sido víctima sí, en 2008, del paso de huracanes que provocaron la muerte de 330 personas, numerosos desaparecidos y la destrucción de edificios y cultivos.
haga Madre de la ternura y sepa dirigir los corazones para que la solidaridad se abra paso en medio del aislamiento.
Por su parte, el director nacional de las Obras Misionales Pontificias (OMP) de los Estados Unidos de América, monseñor John E. Kozar, pidió orar y ser solidarios con nuestros hermanos y hermanas que sufren en Haití; señaló que mientras la Iglesia en esta nación contabiliza los enormes daños y las grandes exigencias, será necesaria una ayuda financiera para reconstruir sus infraestructuras, las mismas que servirán a los pobres y les permitirán reconstruir sus vidas. Para ayudar a que esta Iglesia caribeña siga respondiendo a las necesidades del país, las OMP norteamericanas han lanzado la campaña «Fondo de solidaridad con Haití».