Por una gota de miel PDF Imprimir E-mail
No lejos del monte Ararat (Turquía), en una aldea vivía un hombre pobre. Vendía pan, algunas frutas y miel en un pequeño estanquillo; y sólo lo acompañaba un gato negro, siempre dormido.
Un día un pastor, con un gran bastón y seguido de un enorme perro, entró en la pequeña tienda y dijo: «Quiero un poco de miel». El vendedor sumergió un cucharón en el barril donde guardaba el dulce manjar y, cuando lo vertía en la vasija del cliente, una gota cayó al suelo. Una mosca se lanzó enseguida sobre ella y el gato del tendero brincó y la aplastó con sus garras, ocasionando que el perro del pastor saltara sobre él.
Ladridos rabiosos, maullidos, gritos, zarpazos y mordiscos se mezclaron en el establecimiento; y dejaron como resultado, al final de la riña, al gato sin vida a los pies de su dueño. Éste, enfurecido, tomó una herramienta y golpeó al perro, que instantes después también yacía herido de muerte.
Entonces el pastor, desesperado por haber perdido a su perro, saltó sobre el vendedor, lo aporreó con su bastón y también acabó con él. Inmediatamente, de un extremo a otro del poblado, corrió la noticia y todos los hombres se apresuraron a vengar la muerte de su estimado vecino: golpearon al pastor y también lo aniquilaron.
La alerta fue dada en el poblado cercano, de donde era el pastor, y rápidamente los hombres, armados de piedras, palas y picos, fueron a vengar su muerte. ¡Se hizo la guerra! Y prosiguió durante muchos años, por una gota de miel. ¡Sólo una gota de más! Finalmente, de las dos aldeas sólo quedaron desolación y muerte. Y los aldeanos sobrevivientes todavía hoy se preguntan: ¿Cómo comenzó todo?