Semana de Oración por la Unidad de de los Cristianos PDF Imprimir E-mail

 «Ustedes son testigos de todas estas cosas»

El tema de la Oración por la Unidad de los Cristianos de 2010 es: «Ustedes son testigos de todas estas cosas», tomado del capítulo 24 del evangelio de Lucas. Este año los cristianos de Escocia –a quienes les fue confiada la preparación del Octavario– eligieron el tema en recuerdo del centenario de la Conferencia de Edimburgo. En él proponen proclamar este capítulo evangélico en su totalidad en las asambleas ecuménicas. Será ocasión de realzar nuestro envío como testigos del Evangelio en la predicación, la acción de gracias, la intercesión y la celebración; de revalorizar la resurrección de Cristo como fuente de comunión eclesial, del envío a misión, del vínculo fundamental entre misión y unidad y, por lo tanto, de renovar el compromiso por la unidad de los cristianos.
Introducción al tema
del Octavario 2010

Durante el siglo pasado la reconciliación de los cristianos tomó formas muy diversas: el ecumenismo espiritual manifestó la importancia de la oración por la unidad cristiana, la investigación teológica movilizó muchas energías y permitió descubrir numerosos acuerdos doctrinales, la cooperación práctica de las Iglesias en el campo social suscitó fecundas iniciativas y, además de estas realizaciones importantes, la cuestión de la misión ocupó un lugar particular. Se considera generalmente que la Conferencia misionera que tuvo lugar en Edimburgo, en 1910, señaló los principios del movimiento ecuménico moderno.



Misión y unidad
Históricamente, la cuestión de la unidad de los cristianos se ha planteado a los misioneros por razones prácticas. Se trataba simplemente de evitar una competencia inútil cuando las necesidades humanas y materiales eran inmensas, se distribuían entonces los territorios a evangelizar y a veces se buscaban superar asuntos yuxtapuestos o paralelos para favorecer algunas obras comunes. Los misioneros de diferentes Iglesias podían, por ejemplo, combinar esfuerzos para realizar nuevas traducciones de la Biblia, y esta cooperación al servicio de la Palabra de Dios no podía sino suscitar una reflexión sobre la división de los cristianos.
En la frescura de los comienzos las nuevas Iglesias locales no podían ser tachadas por el desfase entre el mensaje de amor que querían vivir y la separación efectiva de los discípulos de Cristo. ¿Cómo hacían comprender la reconciliación ofrecida en Jesucristo si los mismos bautizados se ignoraban y combatían? ¿Cómo los grupos cristianos que vivían en hostilidad mutua podían –de manera creíble– predicar a un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo? Estas cuestiones ecuménicas no podían faltar en la Conferencia de Edimburgo.

La Conferencia misionera de Edimburgo
En 1910 el paisaje eclesial en Escocia comenzó a diversificarse y las Iglesias católica y episcopal gozaban nuevamente de un puesto más importante. Debido a su vitalidad intelectual y cultural fue escogido Edimburgo como lugar del encuentro. La fama de sus teólogos y responsables de Iglesias también favorecía esta elección. Por otro lado, las Iglesias protestantes escocesas eran particularmente activas en la misión y famosas por la atención que daban a las culturas locales.
Es así que en el verano de ese año se reunieron en la capital escocesa los delegados oficiales de las sociedades misioneras de las distintas ramas del protestantismo y del anglicanismo, a las que se unió un invitado ortodoxo. Como no tenía capacidad de decisión alguna, el objetivo la Conferencia se centró en ayudar a los misioneros a forjarse en un espíritu común y a coordinar sus actividades.

Tema Bíblico
De manera original, este año las Iglesias de Escocia han querido hacernos comprender el último discurso de Cristo resucitado antes de su Ascensión, que termina con estas palabras: «Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y que resucitaría al tercer día; y también que en su nombre se ha de proclamar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, un mensaje de conversión y de perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todas estas cosas» (Lc 24,46-48). Meditaremos, pues, las últimas palabras de Jesucristo.
Se deduce que la manera de testimoniar de María Magdalena, de Pedro o de los dos discípulos de Emaús no fue idéntica. Por eso es en la victoria de Jesús sobre la muerte que todos situaron el centro de su testimonio, en lo que tenía de único para cada uno de ellos. El encuentro personal con el Resucitado cambió radicalmente sus vidas y una misma evidencia se impuso para ellos: ser testigos. Sus relatos tienen acentos distintos y, a veces, las disensiones nacieron entre ellos, de ahí que requirieran de la fidelidad a Cristo. Pero todos trabajaron por el anuncio de la Buena Noticia.

Textos bíblicos, meditaciones y oraciones para el Octavario

Primer día
Testimoniar con la celebración la vida: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?»
–Gén 1,1.26-31: Dios vio todo lo que había hecho, y todo era muy bueno.
–Sal 104,1-24: ¡Qué abundantes son tus obras, Señor!
–1Co 15,12-20: Si los muertos no ha de resucitar, es que tampoco Cristo ha resucitado.
–Lc 24,1-5: ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?
Comentario: El camino hacia la unidad de los cristianos se arraiga firmemente en la fe común en la resurrección de Jesucristo; celebramos no sólo la vida que Dios nos ha dado sino también la nueva vida que nos ofrece, de una vez por todas, por la victoria de Jesús sobre la muerte. Al reunirnos en esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos damos testimonio de nuestra fe común y manifestamos nuestra preocupación por toda la vida humana. Ella es el don que Dios nos hizo, la conservamos y la celebramos; y especialmente damos testimonio de que el Creador, en su amor benévolo, nos dio la vida.
Hoy damos gracias a Dios por su testimonio de amor hacia nosotros: por el conjunto de la creación, por nuestros hermanos y hermanas del mundo entero, por la comunión en el amor, por el perdón y por la curación, y por la vida eterna.
Oración: Señor, a ti que eres nuestro Creador, te alabamos por todos los que dan testimonio de su fe con sus palabras y acciones. Viviendo plenamente nuestra vida sentimos tu presencia amorosa en las numerosas experiencias que nos das a conocer. Tú que nos bendices, tú que eres el autor de toda la vida, haz que estemos unidos en nuestro testimonio común cuando celebramos la vida.

Segundo día
Dar testimonio compartiendo nuestras experiencias: «¿Qué es eso que discuten mientras van de camino?»
–Jer 1,4-8: Irás adondequiera que yo te envíe.
–Sal 98 (97): Canten al Señor un cántico nuevo.
–He 14,21-23: Anímense a permanecer firmes en la fe.
–Lc 24,13-17: ¿Qué es eso que discuten mientras van de camino?
Comentario: La lectura del libro de Jeremías nos ofrece un testimonio que señala la llamada al profeta. Debe compartir lo que ha recibido para que así los hombres entiendan la Palabra de Dios y fundamenten en ella su existencia.
Durante esta Semana escuchamos a otros cristianos hablar de su fe, con el fin de encontrar a Dios en las múltiples maneras que se nos revela. También somos conscientes de que nuestro acercamiento a los otros puede hacerse gracias a la realidad virtual de la tecnología. Los medios de comunicación modernos pueden ayudarnos a compartir más ampliamente nuestra experiencia y a crear una comunidad que se revela más amplia y más ancha que la realidad puramente física.
Oración: Señor de la historia, te damos gracias por todos los que nos hablaron de su fe y dieron testimonio de tu presencia en sus vidas. Te alabamos por la riqueza de nuestra vida como individuos y como Iglesias. En estos relatos percibimos el despliegue de una sola y misma historia, la de Jesucristo; danos el valor y la fuerza para hablar de nuestra fe a los que encontramos, para que todos conozcan el mensaje de tu Palabra.

Tercer día
Dar testimonio con atención: «Seguramente tú eres el único en toda Jerusalén que no se ha enterado de lo que ha pasado allí estos días».
–1Sam 3,1-10: Habla, Señor, que tu siervo escucha.
–Sal 23 (22): El Señor es mi pastor.
–He 8,26-40: Felipe anuncia la buena noticia de Jesús.
–Lc 24,13-19: Sus ojos ofuscados empiezan a reconocerlo.
Comentario: Crecer en la fe es un planteamiento complejo. Hoy muchas personas tienen una vida muy llena y deben hacer frente a numerosas obligaciones y responsabilidades. Es fácil no percibir el amor de Dios que se nos revela diariamente y en las distintas experiencias. Si nos dejamos solicitar por todo y sumergir en nuestras actividades, corremos el riesgo de no ver lo que realmente está bajo nuestros ojos. Como los dos discípulos del Evangelio tenemos una opinión parcial de la verdad y a veces pensamos conocer la realidad, a partir de ahí intentamos explicar nuestra visión de las cosas a los otros. En el mundo de hoy estamos invitados a percibir la presencia de Dios en todos los acontecimientos sorprendentes o improbables de nuestra vida.
Oración: Señor, Buen Pastor que vienes a nuestro encuentro y nos acompañas cada día de nuestra vida, concédenos la gracia de ser conscientes de todo lo que haces por nosotros. Te pedimos que nos ayudes a abrirnos a todo lo que nos ofreces y a reunirnos en un solo rebaño.

Cuarto día
Dar testimonio celebrando la herencia de la fe: «¿Pues qué ha pasado? Le dijeron: lo de Jesús de Nazaret».
–Dt 6,3-9: El Señor Dios es el único Señor.
–Sal 34: Bendigo al Señor en todo momento.
–He 4,32-35: Un mismo sentir y pensar.
–Lc 24,17-21: Nosotros teníamos esperanza.
Comentario: Las lecturas de este día afirman la importancia del apoyo de la comunidad de fe para garantizar la difusión de la Palabra de Dios. El pasaje de Deuteronomio nos ofrece la bella oración con la que nuestros hermanos y hermanas judíos alababan a Dios diariamente. El salmo nos propone dar testimonio de nuestra herencia de creyentes en la alabanza, para que nuestra fe se manifieste en la glorificación y en la acción de gracias. El pasaje de los Hechos de los Apóstoles revela una comunidad unida en la fe y en la caridad; mientras que el del Evangelio nos presenta a Jesús de Nazaret como el centro de la herencia de nuestra fe.
Oración: Señor, Dios nuestro, te damos gracias por todas las personas y comunidades que nos han transmitido el mensaje de la Buena Noticia y así nos han dado una base sólida para nuestra fe. Te pedimos que nos ayudes a dar testimonio de ella con el fin de fomentar que otros te conozcan y pongan su confianza en la verdad de la salvación ofrecida por Jesucristo para la vida del mundo.

Quinto día
Testimoniar en el sufrimiento: «¿No tenía que sufrir el Mesías todo esto antes de ser glorificado?»
–Is 50,5-9: Él es mi ayuda.
–Sal 124: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
–Rom 8,35-39: El amor que Dios nos tiene en Cristo Jesús.
–Lc 24,25-27: Les explicó cada uno de los pasajes que se referían a él mismo.
Comentario: La realidad del sufrimiento es algo de lo que habla con fuerza el profeta Isaías. Él nos recuerda que Dios nunca renuncia a ver la humanidad sufriente. En cambio el salmo declara la necesaria confianza que guarda el creyente en su Salvador. La Carta a los Romanos manifiesta la certeza que el amor es todavía más fuerte, y que el dolor y el sufrimiento nunca prevalecerán ya que antes de ofrecer al mundo la resurrección, Cristo entró en una agonía atroz y en la oscura cavidad de la tumba para estar totalmente con nosotros, hasta en nuestras peores miserias.
Oración: Dios, Padre nuestro que ves con compasión nuestras situaciones de miseria, sufrimiento, pecado y muerte, te pedimos el perdón, la curación, la consolación y el apoyo en la prueba. Te damos gracias por los que llegan a percibir tu luz en su aflicción. Que tu Espíritu divino nos enseñe la inmensidad de tu compasión para volvernos solidarios en el dolor y que, colmados de tus bendiciones, podamos en la unidad proclamar y compartir con el mundo la victoria de tu Hijo que vive para siempre.

Sexto día
Dar testimonio fiel según las Escrituras: «¿No nos ardía ya el corazón cuando conversábamos con él por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
–Is 55,10-11: La palabra que sale de mi boca no volverá a mí sin cumplir su cometido.
–Sal 119 (118),17-40: Abre mis ojos para que vea las maravillas de tu ley.
–2Tim 3,14-17: Toda Escritura está inspirada por Dios.
–Lc 24,28-35: Jesús explica las Escrituras a los discípulos.
Comentario: Los cristianos tenemos el privilegio de descubrir la Palabra de Dios en las Santas Escrituras y en la celebración de los sacramentos. Por la escucha fiel de esta proclamación y la lectura fervorosa de los distintos libros de la Biblia abrimos los corazones y el espíritu para acoger la Palabra misma de Dios. Jesús prometió a sus discípulos que les enviaría el Espíritu Santo para que comprendieran la Palabra de Dios y los guiara hacia la verdad completa.
Oración: Oh Dios, alabamos y agradecemos tu Palabra que nos salva y que las Santas Escrituras nos ofrecen. Te agradecemos también por compartirla y descubrir la abundancia de tu amor en los hermanos y hermanas. Te pedimos nos concedas la luz del Espíritu Santo para que tu Palabra guíe y oriente nuestros pasos en la búsqueda de una mayor unidad.

Séptimo día
Dar testimonio con la esperanza y la caridad: «¿Por qué se asustan y por qué dudan tanto en su interior?»
–Job 19,23-27: Yo mismo lo contemplaré.
–Sal 63 (62): Mi alma tiene sed de Dios.
–He 3,1-10: Te daré lo que poseo.
–Lc 24,36-40: Los discípulos estaba sorprendidos y muy asustados.
Comentario: Los cristianos tenemos el reto de seguir creyendo que, aunque no veamos ni sintamos la presencia de Dios, él está con nosotros. Las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad nos dan el poder de testimoniar que podemos ir más allá de nuestras propias capacidades.
El personaje de Job nos ofrece el ejemplo de quien al afrontar duras tribulaciones y pruebas, pide tener un apretado debate con Dios. Pero a pesar de todo, en la fe y en la esperanza está convencido de que el Señor permanecerá con él. Encontramos esta confianza y esta convicción también en las acciones de Pedro y de Juan durante el relato del minusválido, narrado en los Hechos de los Apóstoles. Su fe en el nombre de Jesús les permite dar un poderoso testimonio delante de todas las personas presentes.
Oración: Dios de la esperanza, haznos descubrir el proyecto que tienes para tu Iglesia y que superemos nuestras dudas. Refuerza nuestra fe en tu presencia para que todos los que decidan seguirte puedan celebrarte juntos en espíritu y en verdad. Te pedimos especialmente por todos los que dudan actualmente o cuya vida se oscurece por el peligro o el miedo. Permanece con ellos y dales tu presencia que es consolación.

Octavo día
Testimoniar con la hospitalidad: «¿Tienen aquí algo que comer?»
–Gén 18,1-8: Voy a buscar algo de comer para que repongan fuerzas.
–Sal 146 (145): Hace justicia a los oprimidos y da pan a los que tienen hambre.
–Rom 14,17-19: Busquemos con afán lo que contribuye a la paz y a la convivencia mutua.
–Lc 24,41-48: Entonces abrió su mente para que comprendieran el sentido de las Escrituras.
Comentario: Hoy, gracias a los medios de comunicación electrónica, todos estamos cercanos unos de otros en este planeta pequeño y superpoblado. Como en el tiempo de Lucas, son numerosas las personas y comunidades que han tenido que abandonar sus casas y encontrar refugio en tierra extranjera. Nuestras sociedades han descubierto nuevas religiones y culturas foráneas gracias a la llegada de fieles de las grandes religiones mundiales.
Cristo resucitado reúne a sus discípulos, come con ellos y lo reconocen. Les recuerda lo que las Escrituras decían de él y les explica lo que no habían comprendido hasta entonces. Así los libera de sus dudas y temores, y los envía a dar testimonio de todo eso. Al crear este espacio de encuentro con él les da su paz, que implica justicia para los oprimidos, solicitud hacia los hambrientos y estímulo mutuo, que son los dones del nuevo mundo de la resurrección. Como ellos, podemos encontrar a Cristo cuando nos ofrecemos a compartir nuestra vida y nuestros talentos.
Oración: Dios de amor, nos has mostrado tu hospitalidad en Cristo. Reconocemos que es compartiendo nuestros dones con los otros como te encontramos a ti. Danos la gracia de estar unidos cuando caminamos juntos y de reconocerte en cada uno de nosotros. Al acoger al extranjero en tu nombre, haz que demos testimonio de tu hospitalidad y de tu justicia.