| Puertas abiertas a grupos anglicanos |
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Benedicto XVI admitió el retorno en bloque de fieles, sacerdotes y obispos anglicanos que deseen reintegrarse a la Iglesia católica. Los anglicanos se separaron de Roma en 1534; cuando, por no haber obtenido del papa Clemente VII la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, el rey Enrique VIII declaró a la Iglesia de Inglaterra independiente de la autoridad pontificia. El Pontífice aprobó una Constitución Apostólica –decreto pontificio de «máximo rango» en el ordenamiento católico universal dictado por el Papa– que crea una nueva estructura canónica que permite a fieles, sacerdotes y obispos anglicanos que así lo deseen, convertirse al catolicismo, conservando elementos de su específico patrimonio espiritual y litúrgico anglicano. Se crea, incluso, un nuevo rito: el de los anglicanos católicos, tal como los de los maronitas libaneses, los ortodoxos ucranianos (uniatos), los greco-católicos o los siriacos. El Prelado Personal será un obispo elegido por la misma comunidad y no el obispo diocesano. La creación de los ordinariatos será consultada en cada caso a las Conferencias episcopales nacionales. La noticia fue dada a conocer el 20 de octubre del año pasado por el cardenal norteamericano William Joseph Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en una conferencia de prensa en la que explicó que este retorno será posible a través de una prelatura personal, similar a la que tienen dentro de la Iglesia el Opus Dei y los ordinariatos castrenses. Dijo también que los sacerdotes anglicanos casados, que son la mayoría, podrán ser ordenados sacerdotes católicos más allá de la obligación del celibato impuesta por la Iglesia de Roma. En cambio, los obispos anglicanos casados que se conviertan al catolicismo tendrán que dejar su episcopado, quedar como sacerdotes y dar paso a obispos célibes, elegidos por ellos mismos, según la nueva Constitución. Los anglicanos siempre pudieron volver, a título individual, a la Iglesia de Roma, tal como ocurrió con John Henry Newman, que se convirtió al catolicismo, llegó a ser cardenal y ahora está en proceso su beatificación; pero la decisión papal de recibir a todo un colectivo llega en momentos en que la Iglesia anglicana está al borde de un cisma, a raíz de la decisión de permitir la ordenación de obispos mujeres y sacerdotes homosexuales en Estados Unidos y Canadá. Según Levada, entre 20 y 30 obispos y un centenar de parroquias anglicanas ya han expresado su deseo de regresar al catolicismo. Se espera que el primer grupo en pasarse a la Iglesia de Roma sea la Comunidad Anglicana Tradicional, que en 1991 rompió con la jerarquía de la Iglesia anglicana después de que ésta bendijera la ordenación de sacerdotes mujeres. Esta agrupación asegura tener medio millón de fieles en todo el mundo. Aunque este gesto no ha sido calificado como negativo ni en contra del proceso ecuménico, no todos lo entienden como fruto de un diálogo. La decisión de Benedicto XVI de abrir las puertas a las comunidades anglicanas separadas de Roma desde hace 475 años sorprendió, por ejemplo, al arzobispo Gregorio Venables, superior de la Iglesia anglicana del cono sur, que desde 1978 ejerce su ministerio en territorio sudamericano y está al frente de 25.000 fieles. Venables recibió la noticia en Salta (Argentina), mientras visitaba a los fieles de su comunidad, e hizo las siguientes declaraciones al diario La Nación: «Esto no es fruto del diálogo ecuménico. Es una propuesta de Roma sin ninguna conversación previa con la comunidad anglicana». Manifestó que si bien desde el Concilio Vaticano II siempre hubo un diálogo muy fructífero entre ambas Iglesias, esta decisión es «consecuencia de los desacuerdos en nuestra propia Iglesia anglicana por la ordenación de mujeres y sacerdotes homosexuales…», las mismas que se registran principalmente en Estados Unidos y Canadá, «en sintonía con los cambios culturales que se dan en el mundo occidental» y que «no son tan claros en América Latina». «En nuestra región respetamos las distintas orientaciones sexuales; pero no se extiende la práctica de bendecir, por ejemplo, uniones del mismo sexo», estimó el arzobispo. Por su parte Rowan Williams, arzobispo de Canterbury y líder de la Iglesia anglicana, acompañado del arzobispo católico de Westminster, Vincent Nichols, aseguró en una conferencia de prensa en Londres que no considera «un acto de agresión» ni de proselitismo el paso dado por el Vaticano. Aunque reconoció que «hacía sólo un par de semanas» se había enterado de la existencia de la nueva Constitución Apostólica y que en ningún momento se le solicitó una opinión. Tampoco el episcopado británico fue consultado por el Vaticano. Aunque se trate de un tema que conviene diferenciar, algunos han señalado, con preocupación, que la nueva Constitución Apostólica crea una estructura canónica que podría servir para encuadrar en una Prelatura Personal a los integristas cismáticos del fallecido obispo francés Marcel Lefebvre. En enero de 2009 el Papa levantó la expulsión a los cuatro obispos que Juan Pablo II excomulgó hace dos décadas, entre ellos al inglés Richard Williamson, que negó el Holocausto nazi de los judíos y desató así una crisis que ha afectado al Pontífice. Al respecto, el cardenal William Levada dijo que era completamente «casual» la coincidencia del encuentro con los lefebvrianos y la nueva Constitución Apostólica. Para otros consultados la decisión del Papa de abrir las puertas a los fieles anglicanos, que no hay que precipitarse a enjuiciar, no debe entenderse como una solución al problema de la escasez de sacerdotes ni al tema del celibato. El sector de la Iglesia anglicana que se incorpore vendrá con sus propias comunidades, ritos y tradiciones. La Iglesia católica sigue con un reto pendiente en los temas de renovación del ministerio presbiteral, atención a las comunidades y servicio de la Eucaristía. También tendrá que cuidar sus propios equilibrios entre sectores conservadores y progresistas, no sea que resuelva algunos cismas y propicie otros; o, lo que es más fácil, que se produzcan separaciones masivas de quienes cada vez entienden menos ciertos lenguajes y modos de proceder. Y, desde luego, tendrá que prevenirse de los integrismos, tan criticados en otras religiones y culturas. En cuanto al diálogo ecuménico, si avanza será a través de otros procesos, no mecánicamente por incorporaciones parciales. |


