El amor muere cuando muere la fe PDF Imprimir E-mail
Yo tengo muchas dudas de la fe de los novios cuando se casan por la Iglesia. La verdad, no sé cuánto creen en el sacramento que los une; cuánto creen en Dios que bendice su amor ni cuánto creen en la Iglesia que los bendice y, en nombre de Dios y de la comunidad, los hace marido y mujer. De lo que no tengo duda es que se casan declarando tener fe en el otro: el novio tiene fe en la novia y ésta en él, de lo contrario se estarían mintiendo mutuamente. Y si les preguntamos por qué creen el uno en el otro, estoy seguro de que la respuesta será: «Porque nos amamos».

Cheque en blanco
Si lo pensamos bien, casarse es firmar un cheque en blanco, es firmar el cheque de sus dos vidas. La fórmula misma del compromiso matrimonial lo expresa: «En la riqueza y en la pobreza, en la alegría y en el dolor, en la enfermedad y en la salud, prometo amarte y servirte todos los días de mi vida». Por algo decía san Pablo que «el amor todo lo excusa; todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta» (1Co 13,7).
¿Cuándo comienzan los problemas en la pareja? Si les preguntamos, nos darán mil y una explicaciones. Sin embargo, me atrevería a decir que las crisis conyugales comienzan cuando uno deja de creer en el otro. Una de las cosas más difíciles en el tratamiento pastoral de parejas es cuando uno de ellos te dice: «Ya no creo en él, ya no creo en ella». Ese es tal vez uno de los signos más claros de que el amor está de baja, se está enfriando. «No creo en ti porque ya no te amo. No te amo porque ya no creo en ti».

La mentira en el matrimonio
De ahí la importancia de que los esposos actúen de manera que merezcan siempre la confianza del otro, la fe del otro. Y una de las cosas que suele matar la fe en el corazón del otro es la mentira, el engaño. Cuando se sorprenden en la mentira, se crea un cortocircuito entre los dos que hace muy difícil que se sigan amando. La mentira suele ser uno de los resultados de la infidelidad porque no es solamente faltar a la palabra comprometida ni «sacar los pies del plato», sus consecuencias son mucho más hondas. No se puede ser el mismo o la misma cuando se miente y se engaña.
Es posible que durante mucho tiempo no se descubra la mentira. Pero las mujeres tienen un olfato demasiado fino para no percibir el cambio que se da cuando ésta está de por medio. Tal vez callen, pero la procesión de la duda les camina por dentro. Se puede mentir y engañar, ¿pero cuánto tiempo? Por eso el matrimonio no se rompe por fuera sino que se va resquebrajando por dentro, hasta que los muros terminan derrumbándose. La mentira y el engaño separan y dividen por dentro.
¿Cómo puede una persona pretender que tengan fe en ella si está convencida de su mentira? ¿Puede exigir fe en ella cuando sabe que está mintiendo? Un amigo mío me decía: «Yo adoro a mi esposa». Pero le era infiel. Entonces me atreví a decirle: ¿Crees sinceramente que la amas?, ¿crees que hay verdadero amor donde hay engaño y mentira?, ¿tendrías por amigo a alguien que sabes que te engaña y miente? Se quedó pensativo y con mucha sinceridad me respondió: «Tienes razón, gracias».

Actualizar la fe cada día
Por eso es importante que cada uno actualice diariamente su fe en el otro. Así como cada día renovamos nuestra fe en Dios, los esposos deben también renovar su fe conyugal. ¿Quién puede decir que tiene una fe real y auténtica en Dios si vive al margen de él? Decir «yo creo en Dios» significa «yo amo a Dios». Algo parecido sucede con el matrimonio: es preciso que cada día renueven la fe el uno en el otro, es necesario que cada día renueven su amor mutuo.
«Te amo, mientras creo en ti. Te amo, mientras tengo fe en ti. Tengo fe en ti, mientras te amo de verdad. Dejaría de creer en ti si dejara de amarte con sinceridad y en la verdad». Es importante evitar la mentira en la pareja porque termina por matar la fe y el amor. En el amor no existen las «mentiras blancas» porque toda mentira es negra, ni existen las «mentiras piadosas» porque toda mentira es irreligiosa. La mentira es mentira y la verdad es verdad. Los demás «apellidos» son excusas nuestras que no justifican nada, son una manera de engañarnos a nosotros mismos y a los demás.