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Desde el año 1954, el último domingo de enero –en varios países del mundo– se celebra el Día Mundial de la Lepra, con el objeto de denunciar la preocupante presencia que esta milenaria enfermedad aún tiene en países de Asia, América Latina y África, y sensibilizar a la sociedad sobre la misma. La lepra ha sido considerada siempre como «maldita» y misteriosa, lo que generaba un rechazo hacia los enfermos más allá de la discriminación y la deshumanización, al punto de negarles todo contacto social y muchas veces la atención merecida. Esta situación llevó al aislamiento, en islas o lugares apartados, de quienes padecían el terrible mal. La lepra podría estar causando más estragos de los que se cree. Las regiones más afectadas registraron 258.133 nuevos casos en 2007 (últimos datos disponibles), pero la dermatóloga Montserrat Pérez señala que el número podría ser el doble, sobre todo por la falta de datos de África. Las cifras de los contagiados de lepra en el mundo varían: algunas fuentes hablan de tres millones, 150 mil infectados cada año; otras los calculan entre 7 y 12 millones, con un aumento de más de 900 mil personas que contraen la enfermedad anualmente. Los países más afectados son la India (que concentra el 80 por ciento de todos los leprosos del mundo), Brasil, Birmania, Vietnam y Filipinas. Afortunadamente, los prejuicios relacionados con el mal de Hansen han disminuido en la mayoría de los países, aunque los leprosos todavía deben seguir su lucha contra el rechazo social que despierta su terrible enfermedad, la misma que gracias a los avances de la ciencia ahora es curable e incluso puede ser detectada a tiempo mediante un análisis de sangre. La celebración del Día Mundial de la Lepra fue idea del periodista francés Raoul Follereau (1903-1977), quien luego de haber conocido una leprosería en Costa de Marfil (África) –por motivos laborales– promovió la sensibilización y movilización mundial para la lucha contra esta enfermedad y su estigmatización social. La fecha que eligió para recordar esta efemérides, el último domingo de enero, ocasionalmente coincide con el pasaje del Evangelio en el que se narra la cura de los leprosos. Por años Raoul Follereau recorrió el mundo con la campaña en favor de ellos. Lepra en el Perú Desde la década de los setenta el número de casos reportados en el Perú ha decrecido paulatinamente. En efecto, el reporte anual de la Organización Panamericana de la Salud informa que la tasa de detección en nuestro país para el año 2007 fue de 0,01 por 10.000 habitantes, es decir, la más baja de toda Latinoamérica. Sin embargo, en Brasil hay más de 60.000 enfermos en tratamiento. ¿Cómo se explica que estando geográficamente tan cerca, las diferencias en la prevalencia de lepra sean tan grandes entre ambos países? La diferencia es sencilla: en Brasil existe un programa dinámico, que cuenta con el respaldo político del gobierno y utiliza la búsqueda activa de casos; en el Perú el proyecto prácticamente no existe, los casos que se detectan son los que llegan por sus propios medios a los servicios de salud, no hay un sistema de detección temprana. Para tener en cuenta Algunos pasajes bíblicos en los que se menciona la lepra son, en el Antiguo Testamento: 2 Crónicas 26,19-21, 2 Reyes 15,5 y Levítico 13,8; y en el Nuevo Testamento: Mateo 8,1-4 y Lucas 17,11-19. En octubre del año pasado el papa Benedicto XVI declaró santo a Damián de Veuster, conocido también como el «Apóstol de los Leprosos». Este misionero belga trabajó con los enfermos de lepra en Molokai, una de las islas Hawaii, hasta contraer la enfermedad (ver Misión sin Fronteras, No. 291, Noviembre-Diciembre, pág. 10). |


